Turismo Verde y Turismo Azul, un versus que nos replantea la huella que dejamos

Turismo Verde y Turismo Azul, un versus que nos replantea la huella que dejamos

Mucho se habla del ecoturismo, tanto que se ha hecho una tendencia y cada vez más descubrimos parajes que alguna vez fueron paradisíacos, convertidos en un desesteraste por la huella humana.

Recientemente un usuario de redes sociales dejó al descubierto cómo el impacto del hombre cambia la perspectiva en el archipiélago de San Blas, una región panameña de aguas serenas y turquesas con infinitas piscinas naturales y de inmensas palmeras que no tiene nada que pedirle al resto del planeta si del mar se desea disfrutar.

La crítica fue de tal magnitud que se hizo viral entre los cibernautas, dado que la queja constante son los altos costos para visitar San Blas y hacer turismo tanto para nacionales como extranjeros.

La isla visitada por el creador de contenido no tiene visitantes, lo que es peor aun ya que los desechos llegan de las otras 364 islas que lo componen.

Ante tal situación el Ministerio de Ambiente se ha abstenido ya que el Congreso Guna Yala es el responsable de la disposición de los desechos de esta joya del turismo azul, en Panamá.

Pero no solo el turismo azul sufre el impacto del depredador llamado “humano”, sino también aquellos destinos que son alto valor para los senderistas, no se crea la conciencia de procurar llevarse lo que trae, sus propios desechos, al punto de convertir una mala práctica en un acto natural del recorrido y encontrar al paso, paquetes de snack, botellas y papeles en senderos como Cerro Ancón, las múltiples cascadas que se encuentran en Coclé, y las faldas del Volcán Barú no son la excepción, a tal punto que ya el Ministerio de Ambiente ha implementado una estrategia a largo plazo para evitar que se siga repitiendo la situación y lograr la conservación de este patrimonio natural que abarca 14,322 hectáreas de bosques nubosos y páramos.

Nuestras recomendaciones apuntan a la educación previa a los actores inmediatos de este turismo, desde el que crea el producto para que entienda la importancia y su compromiso ante el destino como producto turístico, de la mano del visitante que debe ser mucho más que un turista en disfrute un humano responsable de su entorno.

Informarnos del destino previo a la partida nos permitirá poder volver y recomendar con conciencia la importancia de cuidar el mismo, ya que no solo es no dejar desechos sino también comprender que el entorno natural tiene sus propios códigos, como no sacar una estrella de mar del agua, no extraer plantas o animales de los senderos o bosques y que tampoco todo se puede tocar, pues podemos dañarlo o hacernos daño.

El ecoturismo en su esencia busca un equilibrio entre la naturaleza y el medioambiente como una alternativa al turismo convencional, apoyando a las comunidades locales, pero para lograr tal equilibrio es importante que los gobiernos locales y la empresa privada trabajen de la mano en la mejora continua con planes a largo plazo.

La educación real no debe ser únicamente en frías campañas de una forzada y obligada responsabilidad social empresarial, sino en la educación continua desde los colegios y reforzada en las empresas, por parte de sus pensum y políticas internas, para  que sea una real conciencia en nuestro actual y el impacto que podemos legar.

Panamá posee una amplia oferta de ecoturismo por su privilegiada posición geográfica y a pesar de la larga temporada lluviosa permite ser el foco del viajero o turista para el disfrute de la naturaleza.